Dormimos en Guijo de Santa Bárbara, cerca de la plaza y de la casa de la tercera edad y desde allí al día siguiente hicimos la ruta del Trabuqueta y Pimesaillo por un camino que parte de esta localidad y que se interna en la garganta de Jaranda discurriendo paralela y por el río.
La senda va ascendiendo levemente contemplándose un hermoso paisaje del pueblo del Guijo


La senda aparece salpicada de cantos rodados erosionados por el agua


y podemos admirar piscinas naturales de gran belleza y que ha excavado en la roca el río.
En una hora y media llegamos al Trabuquete

Seguimos remontando la garganta acompañados de un tiempo muy variable.
En determinados tramo, la senda desaparece y solo nos guiamos por los hitos de piedras colocados en el mismo cauce del río.

Y llegamos a Pimesaillo, un conjunto de chozas usadas por los pastores de cabras del pueblo y sus familias hasta los años 80 para aprovechar en verano el pasto. La foto superior corresponde a la "choza de los andarines".

Iniciamos nuestro retorno a la villa, pero en poco tiempo se volvió a nublar y calló una breve granizada que dejo un leve manto blanco. Esta granizada fue seguida de una persistente lluvia que nos acompañó hasta el final y que literalmente nos caló y convirtió la senda en ríos de agua por donde pisábamos con nuestro calzado completamente empapado. Menos mal que ya habíamos dejado atrás una parte del recorrido que discurre por el mismo cauce y que al estar las piedras mojadas por el agua, podría haber complicado considerablemente nuestro regreso.


Recuerdo a nuestra perrita, Mara, completamente mojada, que cuando parábamos aprovechaba para guarecerse debajo de cualquier piedra.

Una vez secos y comidos, nos dirijimos a dar un pequeño paseo por Cuacos de Yuste y disfrutar de la arquitectura popular de La Vera cacereña.

Pernoctamos en el aparcamiento del Monasterio de Yuste, que visitamos a la mañana siguiente




Y después nos acercamos andando desde el monasterio al tan poco conocido e interesante cementerio alemán en la misma carretera que lleva a éste y donde se encuentran enterrados soldados alemanes de la primera y segunda guerra mundial que perecieron en naufragios o por el derribo de sus aviones
Todas las sepulturas son iguales y únicamente tienen una cruz en granito oscuro con una inscripción en la que figura el nombre del soldado, su categoría militar, y su fecha de nacimiento y muerte, similar al cementerio americano de Normandía, en Omaha Beach.

Mª Angeles del Valle Blázquez
Mayo de 2007